28 jun 2011

Costumbres venecianas

En vista de la repercusión del blog y de su pequeña popularidad, me veo obligada a quitarme la máscara, dejo calladita la boca un rato largo a Nekane y hablo yo: Iria Lage Galera (Tck o Malfo). Hoy no habrá un nuevo capítulo de la vida de Nekane, no. Hoy me toca aclararte ciertos puntos y hacer hincapié en algunos hechos que la gente parece no entender. Para empezar te diré que aquí nada es real; ni los personajes, ni las anécdotas ni los escenarios, ni nada de nada. Cada detalle, hasta el más insignificante, está inventado por mí; las aventuras de Nekane son una mentira y la propia Nekane es el mayor engaño de toda su historia. Aquí soy yo, Iria, la que maneja el cotarro y parte el bacalao, soy la diosa de mi blog, hago y deshago a mi antojo; puedo matar a Emilio y hacer que Nekane se lie con su padre o hacer que se vuelva lesbiana tras enrollarse con su amiga Irene, por ejemplo ¿Por qué? Porque aquí nada se basa en hechos reales; "Dando tumbos por mi vida" es tan veraz como "Harry Potter". Piénsalo ¿quién puede haber vivido acontecimientos tan surrealistas con tan pocos años? No sé tú, pero yo en su lugar acabaría en la ventana de mi casa mirando hacia la nada con una manta y balanceándome de delante hacia atrás.
Como autora, pongo todo mi empeño, esfuerzo y dedicación en intentar crear y publicar día a día: reúno los elementos más retorcidos que se me vienen a la cabeza y los junto para torturar un poco a mi pobre marioneta (Nekane). Exprimo mi diminuta imaginación al máximo sólo por hacerte pasar un buen rato, funciona y por eso continúo escribiendo con tanta frecuencia como el mundo real me lo permite. Con esto, llego a otro de los puntos que me interesaba tocar; y es que la vida del estudiante es la mejor menos cuando toca chapar duramente. A partir de hoy dejaré totalmente aparcado el blog para dedicarme por completo a los exámenes, tengo unos planes de futuro que pretendo conseguir y, como comprenderás, no puedo permitir que el blog me robe tiempo que necesito para asuntos de mayor importancia. De hoy a mediados de julio, "Dando tumbos por mi vida" permanecerá en stand-by. Pondría un cartel de "cerrado temporalmente, disculpen las molestias" pero eso se hace en los lugares serios y tanto tú como yo sabemos que este blog tiene de formal lo que nosotros dos.
Ya que he usurpado el lugar de Nekane aprovecho para desearos a todos un felicísimo y estupendo Día (o lo que queda de él) del Orgullo LGBT. Si todavía sigues dentro del armario, sal, corazón, que estamos en verano y hace demasiado calor ahí dentro, además fuera tenemos aire acondicionado, playa y Frapuccinos.
Para finalizar, quiero darte las gracias a ti. Tú, que cada vez que sabes que he publicado vas como un loco a leerte el nuevo capítulo; tú, que me comentas en las redes sociales lo que te ha encantado y lo que no para hacer que esto mejore; tú, que ahora mismo estás leyendo esto y esperabas a Nekane, gracias. Infinitas veces, gracias por disfrutar de las divagaciones de una servidora. Acabando la entrada de hoy, te reservo una sorpresa; si me conoces, sabrás bien que Nekane y yo (y todo el que haya tenido una vida sexual más o menos ajetreada) sólo tenemos una cosa en común; el malfo. El mal follamiento, junto con la represión, es el gran mal del mundo y yo he sufrido ambos en mis propias carnes. Hoy, procurando demostrarte mi agradecimiento por ser fan de este blog, te voy a contar una historia real; toma asiento porque viene el cuento de cómo Iria pasó a ser La Malfo.
En algo más de una semana, hará un año de la segunda peor experiencia sexual de toda mi vida; mis amigos hablaban como locos del Festival Celta, de Ortigueira y yo no tenía ni la más remota idea de a donde me llevaban. Le pedí la Quechua a mi cuñado, dinero a mis padres y me dispuse a coger el FEVE con toda la tropa. El viaje no se me hizo demasiado largo; tras pasarlo bastante mal pensando que perdíamos el tren y cargando con toneladas de bebida y comida, habíamos conseguido acomodarnos y teníamos al lado a tres chicas que fueron entreteniéndonos el camino con perlitas del tipo "en Ortigueira se está de puta madre: vas para la playa, te metes un tirito y te das un chapuzón"  o, abriendo un SMS de USC notas, "¡5, justo pero da gusto!". Si no tienes en cuenta que eran unas yonkis declaradas, fueron bastante majas. Llegamos a Ortigueira y nos tocó subir andando porque se veía que el bus no tenía ganas de venir. Cargados como mulas, optamos por apoderarnos de un contenedor, vacío y limpio, para meter todas las cosas dentro y que el camino nos resultase más cómodo. Íbamos de puta madre, hasta que nos paró la policía y nos obligó a vaciar el contender, dar la vuelta y dejarlo donde estaba. Supermajos ellos ¿a qué sí? Para cuando conseguimos aparecer en la zona de acampada, Martín (mi más mejor amigo gay) y yo estábamos acabados; él había demostrado toda su virilidad ejerciendo de macho man cargando con no sé cuantas botellas (esto me sirvió para corroborar que el hecho de ser gay no te libra de la tara mental con la que todos y cada uno de los hombres nacen) y yo nunca he servido para moverme del sofá de mi casa.
Montamos la tiendas y empezamos a beber; a raíz de que Martín se plantease quedarse por noche en el campamento en vez de bajar al pueblo yo comencé a pensar que con mi dolor de espalda aquello sería lo más acertado. No podía tener más escoñada la espalda y todavía me quedaban unos cuantos días durmiendo en el suelo, cuando Martín me propuso un trueque de masajes; acepté sin dudarlo. Nos metimos en mi tienda y los rumores de que Martín y yo acabaríamos liándonos comenzaron; él aun no había salido del armario y yo estaba soltera. Todo marchaba con más o menos normalidad hasta que apareció él, el chico del malfo. No voy a decir el nombre del responsable, ya bastante gente lo sabe, pero sí te voy a poner en situación para que te enteres bien de cómo fue el asunto. Conocí a este chico, lo voy a llamar Javi, ya que será más cómodo ponerle un nombre, bueno pues conocí a Javi en Ferrol, por medio de mis amigos. No había hablado demasiado con él y me lo propuse como nuevo objetivo. Tan rápido como vinieron a mí las ganas de tirármelo, se fueron; había mantenido con él una conversación de más de diez minutos y había perdido hasta el último ápice de morbo que me daba. Eso era lo que pensaba y sentía mi parte sobria, pero aquel mismo fin de semana me entró y terminamos liándonos y sobándonos demasiado en medio de la calle. Mis amigas nos pillaron y cada uno se fue por un lado. Bien, pues fue en Ortigueira cuando me reecontré con Javi por primera vez después de aquel lío.
Al principio, me dio la sensación de que estaba bastante pendiente de mí, pero no le hice mucho caso a ese pensamiento porque no es raro que te den ese tipo de impresiones y estar equivocándote. Pos otra parte, yo no quería nada con él y lo que me faltaba era seguirle el rollo. Javi nos escuchó a mí y a Martín barajando la posibilidad de quedarnos arriba en vez de ir al pueblo y se acopló. Tuve que suplicarle a la puta de mi amigo que no me dejase a solas con él; me hizo caso porque vio que no me estaba inventando que Javi venía detrás de mí. Se fueron todos, y nosotros tres nos pusimos a beber alrededor de una hoguera; Javi se sentó a mi lado y cuando quise darme cuenta lo tenía sentado entre mis piernas. Yo no sabía donde meterme. Empezó a hacer frío, dejamos de beber (la verdad es que no habíamos bebido ni media botella cada uno) y nos metimos en la tienda de Javi (los tres). El problema vino cuando Martín se volvió loco con el fuego; no paraba de salir de la tienda para vigilar que el fuego no se apagase y Javi me atacaba cada vez que mi amigo se ausentaba. En aquella tienda de campaña se juntaron la incansable insistencia de Javi, lo difícil que se me hacía decirle "no" a un chico y la ausencia de Martín para darme el empujoncito y dejar que Javi me besase; pensé "no va a parar de insistir, igual si le consiento que me de un par de besos se queda contento y me deja tranquilita". Mi  plan fue un fracaso absoluto; cada uno se metió en su saco y nos pusimos a dormir, pero resulta que yo siempre dejo la cremallera un poco abierta porque me agobia sentirme una oruga. Javi se dio cuenta de la cremallera estaba abierta y coincidía de su lado, entonces se acercó a mi oído y me dijo "esto es un metemano en toda regla". Quería salir corriendo de allí pero me acojonaba; era la primera vez que iba a Ortigueira, el resto de mis amigos no estaban y yo no me iba a ir sola a mi tienda. Me dejé llevar; un beso, me tocas una teta, ahora se te pone dura, me acabas calentando y, con la tonterías, el chaval tampoco lo hacía tan mal. El único inconveniente era Martín, yo no iba a follar al su lado, obvio. Javi lo sabía y ¿qué hizo? Salió de la tienda y fue llevando la comida de mi tienda a la suya para hacer hueco. Yo no me lo creía, aquello no podía estar pasando en serio. Me cogió y me metió dentro de la tienda. Pero ya no había nada que hacer, aquel numerito tan patético había conseguido que a mí se me bajase toda la libido; entre mi apatía, las medidas de la tienda y la falta de destreza que empezó a demostrar mi acompañante sólo conseguí sudar como una cerda allí dentro. No había comunicación, no nos entendíamos y terminamos con un "¿vamos terminando, mejor?". Patético.
Salimos de la tienda chorreando, dándome asco por partida doble. Lo típico de las Two Seconds, que no transpiran. Él cogió una toalla para secarse y yo fui corriendo a despertar a Martín con las siguientes palabras:

-Acabo de echar el peor polvo de mi vida.
-¡¿QUÉÉÉ?! ¿¡CÓMO!? ¿Con quién?
-Con Javi ¡Qué horror! ¡Qué tío más trenco!
-¿Pero qué dices? JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA.

A sabiendas de que Javi volvería, aquella era su tienda y querría dormir, llamé a las niñas y me fui a buscarlas. No quería seguir más allí, viéndole la cara al otro. El cotilleo de lo que había pasado esa noche corrió de boca en boca, Martín empezó a decirme que era una mal follada para darse el gusto de meterse conmigo. El tiempo pasó, Martín salió del armario y digievolucionamos en El Inver y La Malfo. Y es que ya lo dicen todos  los psicólogos, hay que saber reírse de uno mismo.

1 comentario:

  1. Increíble que puedas llegar a ser tan mala persona.
    No te esperaba así, patética.

    ResponderEliminar