17 jun 2011

No quedan días de verano, Heartbreaker

Era joven, ya tenía quince años, mi novio me acaba de dejar y esa misma noche me había liado con un chico encantador. Dentro de lo malo, me iba bastante bien por lo que decidí disfrutar de mi verano como si no fuese a vivir otro. Para empezar, necesitaba desconectar de mi casa, de la gente de siempre, de la monotonía y me fui con mi hermana a las fiestas del pueblo de las familias de Amina y Mamen. Me pasé unos cuatro días desconectada del resto del mundo (mi móvil no tenía batería y a mí me faltaban las ganas de prestarle atención) y bebiendo. Una de esas noches de alcohol y orquesta, conocí a Búmeran. Amina, Mamen, Dafne y yo nos "colamos" en el domicilio de un chico del pueblo que daba una fiestecilla. Para ser sincera, parecíamos imbéciles; estábamos a un lado, sin relacionarnos con nadie del lugar. Sólo sabíamos quién era un primo de Amina y Mamen, pero él estaba ocupado hablando y bebiendo con sus amigos. A medida que el alcohol fue haciendo efecto en nuestros cuerpos, la fiesta se fue vaciando hasta que ya sólo quedábamos nosotras y el primo de Amina y Mamen con sus amigos. Entre esos amigos estaban el dueño de la casa, al que siempre le ha gustado mi hermana, y Búmeran. Nos lanzamos un par de miradas, otras tantas sonrisas y nos presentaron. Cuando quise darme cuenta yo ya estaba palpando toda su hombría y casi acabamos revolcándonos por la finca de aquella casa. Harta ya de tantas babas que no fuesen mías, quise irme para casa. Me dirigía yo sola hacia la puerta cuando El Arrollador, un amigo de toda la vida al que  no se le resiste nada ni nadie, me dijo que él me acompañaría. No sé en qué momento del trayecto sucedió aquello, sólo sé que llegamos a casa besándonos y sin la mitad de la ropa. No conseguimos hacer nada, un amigo que teníamos en común nos cortó el rollo, pero eso no impidió que aquella noche yo me fuese a la cama calentita...Al día siguiente, mejor dicho, a la noche siguiente, me encontré con Búmeran. Sus amigos vinieron a saludarme y a decirme que el chaval se había quedado con ganas de más, yo, como la buena persona que soy, quise ayudarlo a solucionar su problemilla. Estábamos liándonos cuando escuché una voz muy familiar que gritaba "NEKANEEEEEEEEEE ¡Qué es tu primo! ¡Nekane!". Me giré y vi a Antonia (el que nos dejaba el piso en las fiestas donde conocimos a Los 4 Fantásticos), no paraba de pregonar que aquel hombre pegado a mis labios era mi primo, lejano, pero mi primo. A mí me dio bastante igual, quería darme una alegría no casarme con él. La orquesta finalizó su actuación y Antonia nos invitó a todos, Búmeran incluido, a una fiesta chill out en su casa. Allí estábamos, mamadísimos y con ganas de más. Búmeran no paraba de meterme mano, pero yo lo rechazaba. Antonia empezó a decirme que no fuese tonta, que me aprovechase del chaval, que era la mejor caza que me había visto nunca. Después de estas palabras, arrojó una caja de condones encima de la mesa y me dijo "toma. Por desgracia, hoy no los necesito, úsalos tú. Súbelo a la habitación". Yo no seguí los consejos de Antonia, echaba de menos a Emilio. Me levanté y me fui al baño. Al salir del servicio, me tropecé con El Arrollador, este no me dio tiempo a reaccionar; me plantó el pedazo de muerdo y me dijo "cuando acabes con ese ven arriba, te espero". <<El mundo está loquísimo y me tocan a mí todos los enfermos>> esto es algo que me he repetido día tras día desde aquel momento. Búmeran se hartó de tantos rechazos y El Arrollador se durmió esperando, al dia siguiente me fui a mi casa.
Ya en casa, encendí el móvil y comenzó el bombardeo: tenía al menos diez llamadas perdidas y un par de sms del hermano de Rafa. Lo llamé, por si había pasado algo, y me contó que Pocoyo no paraba de hablar de mí y que si quería volver a liarme con el chaval. Recordé lo bien que me había tratado y lo a gusto que me había sentido junto a él y le dije al hermano de Rafa que de acuerdo. A partir de esa llamada yo estuve quedando con Pocoyo durante una semana, más o menos. Pese a su corta edad y a su inocencia, junto a Pocoyo pasé la semana más intensa de mi vida al lado de un hombre: nos pasábamos las horas juntos, hablando y besándonos. Lo sabíamos todo el uno acerca del otro. Emilio no tardó en aparecer, y es que ¿Cómo iba a permitir que Nekane rehiciese su vida sin él? Mientras Pocoyo y yo ejercíamos de pareja empalagosa tumbados en el sofá de casa de Rafa, apareció Emilio. Emilio traía consigo unas cuantas cervezas: había decidido emborracharse y llevar a cabo la perfecta interpretación de una mosca cojonera durante el tiempo que Pocoyo siguiese besándome en el sofá. A falta de insecticida o matamoscas, Pocoyo y yo creímos que estaríamos más cómodos trasladando nuestra nube de carantoñas particular a un parque cercano. Ese chico me hacía sentir querida. Todo iba como la seda hasta que una noche, camino de casa, me soltó un "te quiero"  y yo, que se me da fatal improvisar, le contesté "yo también te quiero" (¿alguien que me pegue un tiro, por favor? Gracias). Ahora puedes estar pensando que bueno, no es tan grave haberle mentido al críajo y es verdad, tienes razón, pero no sólo le mentí en eso y aquello no fue lo peor que yo le hice a Pocoyo.
Emilio había empezado a atacar, me llamó y estuvimos hablando toda la noche (¡Uoooh, Emilio haciendo algo de gasto por mí! Pues no, tenía llamadas gratis), me recordó los motivos por los cuales yo me había enamorado tantísimo de él y me convenció para volver a su lado.
Estaba deseando volver  a besarlo, a abrazarlo y quedamos por la mañana temprano ya que por la tarde yo estaría ocupada dejando a Pocoyo. Emilio no llegó. Nuestra primera cita después de no sé cuánto tiempo separados y Emilio se quedó dormido. Sigo sin entender cómo no lo dejé en el acto ¿cómo pude fiarme de un ser que por la noche me prometía la enternidad, prometía que me amaba como nunca nadie lo había hecho  y por la mañana no era capaz ni de pegarse un madrugón por verme? En su día, aquel comportamiento me sentó mal pero, para la Nekane de 15 años, tenía justificación; al fin y al cabo, habíamos estado hablando hasta ver el amanecer y el pobrecillo Emilio estaría cansadísimo ¡Dejemos hibernar al oso!

No hay comentarios:

Publicar un comentario