Había vuelto a caer, Emilio lo había conseguido de nuevo. Daba igual lo que me hiciese porque yo seguiría a su lado, nunca he sido muy espabilada. Emilio y yo estábamos juntos otra vez, el problema era que yo todavía seguía liada con Pocoyo; tenía que dejarlo. Emilio me ayudó a planearlo todo; por la tarde yo hablaría con Pocoyo y terminaría con nuestra relación, después fingiría que me llamaba mi tío y Emilio me recogería en un parque cercano con la moto. Bien, llegamos juntos a donde estaba el resto de nuestros amigos, sonriendo como tontos, yo esquivaba a Pocoyo y sus besos mientras Emilio no dejaba de mirarnos con cara de cabreo. Nadie notaba nada, todo iba tal y como lo habíamos organizado; éramos unos perfectos actores. Perfecta era mi ceguera, estaba rodeada de gente que se olía lo que iba a pasar incluso antes de que apareciésemos en aquel lugar (es que era tontísima, qué lástima de muchacha. Menos mal que he cambiado).
Tras varias cobras que no venían a cuento, le dije a Pocoyo que necesitaba hablar con él y me lo llevé aparte del resto; nos podían ver por completo desde donde estaban pero, al menos, sólo Pocoyo me escucharía mentir como una bellaca. Lo que más me dolió de aquella ruptura fue el asco que me di, todo lo que no dije, lo que conté a medias, lo que era capaz de hacer por Emilio. Pero, para poder situarnos en este punto de la historia, primero tengo que contarte la parte que no sabes sobre mi rollete con Pocoyo. Unos días después de empezar a estar liada con él salí con Amina, Mamen y Dafne. Esa noche Amina estuvo intentado arrimar cebolleta con un tal Luis, digo intentando porque Luis la rechazó diciéndole que tenía novia. Eso fue lo más interesante que pasó aquella noche. Al día siguiente, se celebraba una romería a la que asistimos todos lo años, nos emborrachamos muchísimo y yo me encontré con Luis. Nos liamos, nos liamos en toda la cara de Amina, hasta que una chica me tocó la espalda y me dijo "¿tú sabes que tiene novia, verdad?" y yo mentí "¿yo?¿pero qué dices, tienes novia?". Le di un bofetón y me fui. Amina y Dafne se pasaron un par de días bastante cabreadas lanzándome puñales por doquier. Por otro lado, no sólo había traicionado a mi amiga sino que, viendo la situación desde los ojos de Pocoyo, le había puesto los cuernos. Regresé a mi casa, como si nada hubiese pasado, y me dejé llevar; los mimos de Pocoyo era tan tiernos. Pocoyo siempre me ha parecido una persona muy entrañable, es como un niño; tienes que abrazarlo, transmite amor, sientes que debes protegerlo. Ante tal forma de ser, yo no podía dejar de querer tenerlo como compañía ni tampoco podía contarle lo que había hecho.
Emilio, que me conocía mejor que yo misma, supo que yo miraba aquel crío de un modo diferente y le dio el protocolario ataque de cuernos. El mismo día que apareció en casa de Rafa con las cervecitas, Irene me contó que la había cogido por banda y le había empezado a confesar que me echaba muchísimo de menos, que estaba totalmente arrepentido de lo que me había hecho, que no entendía el motivo de haber terminado con nuestra relación porque él seguía enamorado de mí como el primer día e incluso más, pero que no haría nada por recuperarme ya que él sabía que yo era feliz junto a Pocoyo. Otra cosa no tendrá, pero el chaval era una canción de Álex Ubago andante. Irene también me dijo que Emilio le había pedido que no me contase nada, todo un clásico, por lo que ella me hizo prometer que no comentase nada del tema. Irene no tenía de que preocuparse ya que yo no quería hablar sobre eso con Emilio, sabía bien que podría convencerme para volver a estar con él. A pesar de sus palabras, aquella noche Emilio me llamó; intentó usar la táctica de recordarme los buenos y bonitos momentos que habíamos vivido juntos, cuando vio que no le daba resultado empezó a meterse con Pocoyo. Le colgué en el acto, no me interesaba perder el tiempo con chiquilladas.
Al día siguiente le conté lo que había sucedido a Pocoyo, al pobrecillo le sentó fatal; mi ex novio me estaba acechando y él se sentía en clara desventaja. El chico que tenía frente a mí me gustaba, yo le importaba y las palabras brotaron de mi boca:
-Pocoyo, no quiero que estés así por mi culpa, tú me importas. Acabo de terminar mi relación con Emilio y por eso no puedo comenzar una contigo ahora, aunque me gustaría. No te preocupes por lo que él pueda sentir por mí o intentar conmigo porque lo nuestro terminó, para siempre.
-Nekane, eres muy importante en mi vida. Llevamos poco tiempo juntos, pero siento algo por ti muy especial; nos conocemos al completo, has encontrado cosas de mi persona que yo no sabía ni que existían. No quiero perderte, dime las cosas claras.
-No te preocupes por Emilio, de verdad, te hablo completamente en serio. Te estoy siendo sincera. Quiero estar contigo, si esto termina no tendrá nada que ver con Emilio, te lo prometo.
¡Bravo! ¡Bien por mí! Acababa de cavar mi propia tumba. La coña del asunto es que yo no estaba mintiendo, realmente sentía todo aquello por él y no pretendía nada con Emilio. Pero yo siempre he sido muy fácil de convencer y Emilio volvió al ataque por segunda vez aquella semana; me llamó por la noche y esta vez su táctica funcionó. Tenía a mi prima y a Dafne de su parte, los tres me decía que no era real lo que yo sentía por Pocoyo y consiguieron que, por una vez, yo escuchase esa ínfima parte de mí misma que me gritaba a veces que lo que Pocoyo despertaba en mí no era nada nuevo. Estaba proyectando mi amor hacia Emilio en Pocoyo; tenía que dejar a Pocoyo, independientemente de que yo regresase al lado de Emilio o no. Como ya sabes, Emilio y yo estuvimos hablando toda la noche y yo decidí retomar mi relación con él. Vale, ya he llegado a la parte en la que te deje hace unos párrafos; me llevé a Pocoyo a solas y, con todo el mundo mirándonos, le dije que había estado hablando toda la noche con Emilio y que necesitaba un tiempo sola, sin chicos. Estaba confundida, no sabía lo que quería y, por eso, era mejor disfrutar de mi soltería.
Pocoyo me miró con los ojos más tristes que me han hablado nunca y me contestó que vale, que él haría todo lo que yo necesitase. Se dio la vuelta y se fue llorando. Todo el mundo pensaba de mí que era la mayor zorra que habían conocido, se veía en sus ojos. No quería seguir allí, me sentía fatal; hice que me llamaba mi tío y me fui con Emilio.Emilio me vio tan mal que me dijo "Nekane, te quiero pero si prefieres irte con él yo no te voy a detener. Vuelve con Pocoyo, si es lo que quieres". Le dije que no, que yo me quedaría con él. Así fue, me quedé con Emilio, escogí la opción equivocada; la Nekane que está escribiendo ahora mismo este post te asegura que lo que viví con Pocoyo fue real, muy real.
No hay comentarios:
Publicar un comentario