21 jun 2011

Santa María equis de

Lo conseguí; estabilidad era lo que hacía verdaderamente falta en mi vida y yo la tenía. Las cosas me iban bastante bien; una relación formal con un novio feo y fuerte, una familia que no molestaba demasiado, empezaba el último curso que me liberaría de mi colegio-cárcel y el núcleo de mi grupo de amigas seguía siendo el mismo e, incluso, aumentaba. Nosotras, que nos pasábamos las tardes en casa de Rafa rollo parejitas, comenzamos a entablar relación con Marian (la churri del hermano de Rafa) y nos hicimos íntimas. Si no recuerdas mal, Marian ya apareció hace un par de entradas y te dije que, como la de Robin Hood, es una zorra. Bien, pues ahora es cuando te cuento nuestra (mía, de Irene y Dafne) historia con Marian.
El principal inconveniente de la amistad que habíamos trabado con Marian tenía nombre propio; Sexo Anal. Tranquilo, no te asustes, nos dieron mucho por culo pero sin penetración. Sexo Anal es una chica, amiga de Marian, a la que he decidido bautizar con este nombre porque, al igual que dicha práctica sexual, si no la conoces la rechazas y te da hasta repelús, pero cuando le das una oportunidad te gusta e incluso te divierte. Marian sabía perfectamente que Sexo Anal no nos caía demasiado bien, intentamos darle una oportunidad pero era una niña todavía, tenía detalles demasiado infantiles. Todavía bajaba de vez en cuando con nosotras el día de Santa María. El día de Santa María fue una de las noches más divertidas de toda mi vida; la primera vez en mi vida que fumé algo que no era tabaco. Nos reunimos en mi casa Marina, Sexo Anal, Dafne, Irene y yo para dar rienda suelta a nuestra imaginación; un porro después [sí, sólo uno, fumando con responsabilidad (si es que eso es posible)], estábamos de risas viendo canales de música y observando a Sexo Anal taconeando y diciendo que era Farruquito con unos zapatos de mi padre. Más tarde, salió el tema sexo y cada una comenzó a contar sus experiencias, a su vez, surgió un tema del que nos cachondeábamos bastante; las malas lenguas contaban que en la fiesta donde yo me había liado con Pocoyo, habían visto a Dafne con su novio y una cosa entre manos. Nuestro morondongo hizo que le rogásemos a Dafne que nos enseñase a hacerlo; cada una cogió una salchicha de un paquete de la nevera y nos pusimos a practicar ese arte procedente de Francia. A medio camino entre "no podemos estar dando más pena" y "ya hemos practicado suficiente por hoy" dejamos las salchichas para dedicarnos en cuerpo y grasas a la Nocilla. Mientras ingeríamos cantidades industriales de chocolate, Marian comenzó a sentirse mal y me tocó a mí aguantarle la cabeza mientras vomitaba en el baño. Cuando comprobé que era capaz de vomitar sin comerse el wáter le cogí el móvil y comencé a mandarle sms a Emilio, los tenía gratis (no soy tan puta). Resulta que aquella se suponía que era una noche de chicas, los novios estaban prohibidos ya que no les hubiesen dejado fumar a ninguna de ellas. Como excusa, la más triste y patética que he escuchado en mi vida, las niñas les dijeron que nos dedicaríamos a ver pelis y que aprenderíamos el baile de los micrófonos (sí, el de la Tata Golosa).
Contra todo lo que puedas haber pensado hasta ahora, mi relación con Emilio se basaba en la confianza y en la sinceridad (una vez sabido todo nos hicimos, claro) y yo sabía bien que si le contaba a Emilio lo que estábamos haciendo él no me lo reprocharía, así que lo invité a venir. Entretenida, hablando con Emilio y vigilando a Marian, escuché los gritos de mi hermana y las risas de Irene: "¡Sexo Anal, aquí no! ¡Vete para tu casa, Sexo Anal!" Al parecer, todos los agujeros de mi hermana eran sólo de salida. Sexo Anal también quería vomitar y me tocó a mí aguantar de las dos. Se recuperaron y Sexo Anal se volvió a su casa. Al mismo tiempo que Sexo Anal salía por la puerta, entraba Emilio. Ni corta ni perezosa, lo arrastré hasta mi cuarto y puse en práctica todo lo que había aprendido aquella noche; esa fue la primera vez que yo le hice sexo oral a un hombre. No contaré los detalles, únicamente diré que contra la pared está en mi top 5 de posturas favoritas.
Tras aquella noche de locura y algo de lujuria,  Sexo Anal no volvió por mi casa, no la queríamos en el grupo y Marian lo sabía. Le dijimos, a Marian, que no estábamos en contra de su amistad, si quería seguir manteniendo relación adelante, no le íbamos a prohibir nada a nadie. Ella nos dijo que no volvería a quedar con Sexo Anal, que tampoco la soportaba. A mí, esa respuesta nunca me convenció, andaba con la mosca detrás de la oreja y los rumores de que la gente las veía juntas eran constantes, por otro lado, ya no estaba con el hermano de Rafa y no había nada que nos atase a ella. No teníamos pruebas de su amistad hasta que un día Marian nos llamó a mi hermana llorando contándole que su padre, con el que no se hablaba, la había llamado amenazándola y que se quedaría en casa todo el día. Casualidades de la vida, Irene la vio en el cíber con Sexo Anal pero ninguna de las dos la vio a ella. Por la noche, fuimos a dar una vuelta con Marian y le preguntamos que  qué hacía con Sexo Anal si se suponía que estaba en plena crisis existencial, Marian nos quiso hacer tontas en nuestra cara negándolo todo. Aquella fue la gota que colmó el vaso; me puse como una energúmena (jamás he vuelto a dar tanto miedo) y le grité hasta quedarme afónica. No sé qué le dije, no lo recuerdo, estaba obcecada, sólo quería gritarle. Me faltó muy poco para darle un bofetón; no plantaba cara, agachaba la cabeza y me daba la razón como a los locos. A tal punto debí llegar que Irene me agarro y me dijo "Nekane, basta, ya está" me giré para irme cuando escucho a Irene gritando; me había pedido que parase para poder gritarle ella a gusto.
Aquella noche, mi hermana Dafne quedó en un segundo plano. Cuando nos quedamos sin nada más que decir, Marian se fue. Estábamos comentando la jugada y lo mentirosa que había sido cuando nos dimos cuenta de que mi hermana no estaba; acabábamos de cerrar un capítulo de nuestras vidas ¿o no?

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