15 jun 2011

Feliz, feliz no-cumpleaños

Había llegado a un punto en el que ya había experimentado todo tipo de sensaciones junto a Emilio: el primer beso, los primeros cuernos, mi despertar sexual, la primera llorera por un tío etc. A pesar de todas las cosas malas, yo estaba enamorada hasta las trancas; él y sólo él era el amor de mi vida. Entre todas estas emociones se encontraban también las más hirientes humillaciones; me había dejado de las maneras más bochornosas posibles. Ser consciente de este hecho me reconfortaba ya que, teniendo en cuenta el concepto de persona coherente y madura que por aquel entonces yo tenía, si volvía a terminar con nuestra relación se le habrían acabado las ideas vejatorias y optaría por plantarme cara ¡Qué ilusa! Un consejo, nunca (pero nunca, nunca nunca) subestimes la insolencia de un hombre.
Llevábamos como un año juntos cuando a Emilio le dio por desaparecer de mi vida; cogió la moto y se fue al pueblo de su primo. De vez en cuando hasta hacía el esfuerzo de llamar a mi casa para hablar con mi hermana. Hay que reconocerle el esfuerzo al chaval, ser tan sinvergüenza debe de tener su dificultad... Tras una semana de constantes lloros nocturnos y de que Dafne me acogiese en su habitación (yo no me sentía capaz de dormir en mi cama, esa cama en la que Emilio me había regalado tantos orgasmos y abrazos post-coitales) me armé de valor y le mandé un sms a Emilio en el que le decía algo así como que desistiera en su intento por esconderse de mí, que yo ya estaba harta de su cobardía y que si no quería estar conmigo me lo dijese claro. Emilio me contestó:

"Tienes razón, Nekane. Lo siento, pero yo ya no estoy enamorado de ti. Ya no te quiero, pero, por favor, dejemos el tema. No te quiero ahogar la fiesta".

¿No te quiero ahogar la fiesta? En ese momento miré el reloj y vi que era la una de la mañana del día de mi cumpleaños. Mientras él disfrutaba del concierto de uno de sus cantates preferidos yo me deshacía en cabreo y lágrimas la madrugada de mi cumpleaños. La mañana llegó y mis amigas se desvivieron por sacarme de casa para arrastrarme hasta las fiestas de un pueblo cercano donde nos quedaríamos a dormir. Al fin y al cabo, yo estaba de cumpleaños y tenía que disfrutarlo. Esa misma tarde fuimos para allí. Tras un par de horas sin hacer nada, nos dimos cuenta de que no teníamos bebida para por la noche y le pedimos a una chica que nos acercase en su coche al supermercado más cercano ¡Al fin! Ya teníamos cómo ahogar las penas y nos dirigíamos de vuelta al chiriguinto que habiamos montado cuando ¡Zasca! Chocamos con un coche en una rotonda. No fue nada serio y, a eso de las 8 de la tarde del cumpleaños más maravilloso que he pasado jamás, ya estabamos de vuelta con el resto de la pandilla. Temiendo que las cosas fuesen a peor, decidí empezar a beber prontito para perder rápido el sentido. Mi estrategia había funcionado; yo bailaba y bailaba, me daba igual lo que pasase a mi alrededor. Es más, hasta cuando me dedicaron una canción y se fue la luz yo seguí bailando sin música.
Debido a mi borrachera, creí que estaría bastante bien salir a tomar el aire. Una vez fuera, vi a un montón de chicas abrazando a alguien mentras le decían "no llores tranquilo, todo está bien. No llores más, porfa". Mi vena de maruja, con pinza fosforita de plasticote en la cabeza, cotilla salió a relucir y, como cabe esperar, me acerqué para ver qué sucedía. Debajo de no sé cuantas mujeres estaba Pocoyo, el dueño de la sonrisa más bonita y seductora que nunca nadie le ha dedicado a este ente (entiéndase "ente" por Nekane). Me uní a todas esas damiselas en celo y le dediqué toda mi atención a aquel crío llorica. Cuando me quise dar cuenta el resto de las chicas ya se habían ido y yo quedaba colgada del cuello de Pocoyo; en cuanto mi alcoholizado cuerpo y yo le dijimos que tenía la sonrisa más bonita que había visto nunca, noté que ese chico se acercaba demasiado a mi boca y opté por decirle "espera, quédate aquí un momento". Como pude, llegué hasta donde estaban Dafne, Irene y Marian para pedirles consejo. Ponte en mi lugar: Emilio, del que estaba enamoradísima, me había dejado ese mismo día y Pocoyo, un chico monísimo, quería algo conmigo ¿Qué hacer? Irene, que fue la única que logró vocalizar, me dijo que adelante, que disfrutase, total, un día es un día.
Volví junto a aquel chico que todavía me esperaba en el mismo lugar y nos liamos.
Consideré que ya había tomado suficiente aire, copas y babas cuando opté por volver al interior del local. Una vez dentro, la prima de Rafa, el novio de Irene, me preguntó que qué tal estaba por lo de la ruptura con Emilio. Me contó que ella había hablado con él esa mañana y que Emilio le había pedido por favor que me vigilase para que yo no estuviese triste, que encontrase algún modo de hacerme disfrutar. Con una cara a medio camino entre sorpresa y fuck yeah le contesté que muchas gracias, pero yo no necesitaba babysiter.
Repasando los acontecimientos de la noche regresé con mi incocente Pocoyo, sin saber que acababa de activarse mi imán para vírgenes.

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