Hoy, domingo de resaca, estoy que lo tiro. Me siento generosa y te voy a enseñar dos maneras distintas de quedar como todo un señor (o como toda una señora) con tu pareja en una ruptura. Para poder entrar en materia te pongo en situación retomando mi anterior, y primera, ruptura con Emilio. Habrían pasado poco más de un par de semanas cuando Emilio consiguió que volviese con él, no recuerdo cómo lo hizo, sólo sé que él se celaba de Mr. Fantástico (este chico, componente de Los 4 Fantásticos, supone un par de anécdotas muy divertidas en mi vida. Te las contaré dentro de poco) y que nos escondíamos del mundo para estar juntos, ya que yo había jurado que no volvería con él e Irene me mataría.Poco tiempo después, decidimos dejar de ocultar nuestra relación, se lo confesamos a todo nuestro entorno y las cosas fueron mucho mejor desde entonces.
Mi relación era prácticamente perfecta, las notas habían sido verdaderamente buenas y mi familia todavía era normal, la vida me sonreía ¿Qué más podía pedir? Pues un poquito de realidad no estaría de más, guapa. Durante una visita a la casa de una de mis maravillosas amigas, Mónica (con la que me pegaría en años posteriores), me llegó un sms que me traía una enorme sorpresa:
"Hola cari, estuve pensando que ahora que empieza el verano casi no nos vamos a ver. Creo que es mejor dejarlo y que volvamos en septiembre.Bss TKM".
Me cabreé muchísimo, como nunca lo había hecho antes ¡¡¿¿Quién se creía que era, el mierdas ese??!! Cogí el móvil y le envié el siguiente sms:
"¿Pero tú qué te piensas que soy? ¡¡¡A mí tú no me vas a putear!!! No vamos a volver en septiembre, ni nunca".
El 30 de septiembre de 2005 acabamos liándonos en la cama de La Yanire. Mi supina estupidez sólo podría ser "justificable" en el caso de que yo estuviese enamorada hasta las trancas, pero, por aquel entonces, yo no me acercaba ni un poquito al verdadero sentimiento de amor. Estaba muy a gusto con él, me llevaba a los sitios en moto y hasta me regaló un colgante de esos de Viceroy (de Viceroy del mercadillo, claro), pero yo todavía no había derramado ni una lágrima por Emilio. Curioso. Yo siempre he sido muy masoca, un tanto gafe también, y me tiré toda esa etapa de mi relación repitiéndoles a mis amigas que no llorasen por los hombres, que no merecía la pena -"yo nunca he llorado ni lloraré por un tío", decía-.
¡Cuánto me quedaba por aprender! El 21 de febrero de 2006, tras una gran discusión con Emilio en el medio y medio de la calle, mi teléfono (¡que ya era sólo mío!) sonaba avisando de que había recibido un sms:
"Hola cari, creo que esto no funciona. Estamos perdiendo gente y es mejor dejarlo. No insistas, no te quiero hacer más daño".
¿Qué estábamos perdiendo gente? ¿Pero, qué estábamos en una relación o en el Titanic? No importaba, ambos se había hundido junto con mi felicidad. El cielo se tornó gris, que dicen en las canciones de amor, y mis mañanas tendrían otro sabor a partir de ese día. Me puse a llorar, como llora una niña que se está haciendo mujer. La gente pasaba por donde yo estaba y me miraba pero a mí me daba todo igual; únicamente pensaba en que había perdido a Emlio, que ya no estaba conmigo, que no volvería. La pena no duró demasiado, tres semanas más tarde yo me acurrucaba en los brazos de mi amado, el cual había regresado a mí arrastrándose. La vida ya tenía color, mi existencia había recuperado su sentido, Emilio me quería y yo estaba loquita por él.
Aquello iba en serio, ya se lo habíamos contado a nuestras respectivas familias y, una vez, hasta me regaló su antiguo móvil (a mí se me había estropeado el mío). Qué pasmo me dio cuando, al sacar la tapa del teléfono para meterle la tarjeta SIM, veo que mi amado había escrito con un permanente rojo pasión lo siguiente en la tapa del móvil:
"Emilio & Lauryta, 26/02/06, siempre".
Sí, me había dejado por otra. Cinco días le había llevado el recuperarse del gran amor que había dejado atrás y encontrar a su nueva alma gemela.Si a esto le sumamos que no lo dejé en el acto podríamos decir, asegurándonos de no equivocarnos, que soy gilipollas. Pero, si le añadimos el hecho de que, a día de hoy, conozco a Laura y Laura me ha contado cosas como que él le había estado tirando los trastos durante tres meses y que su relacíon duró una semana, confirmamos que Emlio encontró en mí al perrillo más leal que ha tenido nunca como mascota ¡Un tío con suerte!
No hay comentarios:
Publicar un comentario